Fomento de la Economía Social

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Una apuesta decidida, fuerte y constante en los modelos de Economía Social supone una transformación de la estructura económica. Basando la actividad económica en formas participativas, democráticas y adaptables, que antepongan el aspecto social de la economía sobre la mera producción de plusvalías.

Este modelo existe, aunque sigue siendo marginal. Se debería apostar con fuerza desde IU por un fomento real del cooperativismo y otras formas de Economía Social.

El modelo cooperativista subvierte las funciones entre capital y trabajo. Mientras que para la economía capitalista el trabajo es un recurso para lograr beneficios y aumentar el capital, para el cooperativismo es la revés, el capital es una herramienta para lograr el mantenimiento de una actividad y sus empleos.

Desde este mismo punto de vista, la actividad económica de una cooperativa no se desliga de su impacto social y ambiental, sino que forma parte consustancial de la misma actividad.

La creación de cooperativas en municipios rurales tiende a generar riqueza dentro del mismo ámbito de actuación de la cooperativa, por lo que se evita que el valor añadido sea derivado a los centros de producción del capital. Por tanto, esta actividad fija población al territorio, evitando el éxodo rural y el desarraigo.

En cuanto al funcionamiento interno, las cooperativas se basan en un principio fundamental: quienes aportan trabajo a la empresa son quienes toman las decisiones de la misma. La participación y democracia interna llevan siendo valores inherentes al movieminto cooperativista desde su fundación, allá por el siglo XIX.

 

En épocas de oscurantismo laboral, retroceso de libertades e impugnación de derechos -logrados no por gracia de quienes gestionan o han gestionado el Estado, sino a través de incontables luchas y vidas humanas- se hace necesario retomar el papel activo de la ciudadanía en la organización económica.

El movimiento cooperativista surge en la Inglaterra del siglo XIX, en un contexto similar al actual en algunos aspectos, como la pauperización de la clase trabajadora y su exclusión de la tomad e decisiones, ni siquiera en lo referido a su propio trabajo.

En lo concreto, IU debería tomar un papel activo y liderar un proeso de cooperativización de las actividades económicas, especialmente de las PYMES, generando un tejido empresarial que conozca y comparta los principios de gestión democrática y vinculación directa entre producción y gestión. Asimismo, debería ser su papel el tomar parte de los órganos consultivos de la Economía Social, a nivel municipal, regional, nacional, sectorial y europeo. Debería impulsar la creación de este tipo de empresas democráticas a través de medidas como, entre otras, la bonificación en las licitaciones públicas, el asesoramiento al emprendimiento y la educación.

Es de especial relevancia este último punto. Existe un casi total desconocimiento de este modelo económico, que ha demostrado tener mayor capacidad de creación y retención de empleo y riqueza que el de las empresas de capital, en las escuelas y facultades, mientras el modelo de capital goza del beneplácito de todas las instituciones, tanto educativas como administrativas y de difusión en los medios de comunicación. La introducción del modelo cooperativo en los ámbitos de la formación en aspectos económicos proporcionaría nuevos debates que coadyuvarían al fortalecimiento de un modelo de hacer economía que se basa en las personas.