Educación

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Para cualquier avance social que nos planteemos es de vital importancia acabar con el control que la Iglesia tiene sobre la educación primaria y secundaria. Ahí se forman los futuros ciudadanos que conformarán la sociedad. El PSOE, con sus muchos años de gobierno, no quiso (o no pudo) plantarle cara a ese enorme poder fáctico.

El objetivo debe ser suprimir los conciertos educativos, que no son más que una manera de que todos los ciudadanos paguemos la educación de los ricos y de que la Iglesia mantenga su control ideológico en defensa de las clases privilegiadas.

Mientras sigan existiendo los conciertos, si no es posible temporalmente asegurar plazas para todos los escolares en centros públicos, la contratación del profesorado debe hacerse de forma similar a la educación pública: mediante oposición y listas de interinidades. Es inadmisible que esas empresas privadas contraten a quien les de la gana, sin pasar ningún tipo de control (más que la relación familiar o la fidelidad ideológica), y que a esas personas se les pague con fondos públicos, que salen de los impuestos de todos los ciudadanos.

Es una vergüenza que a estas alturas tengamos que seguir luchando por algo tan evidente como la separación Iglesia-Estado. ¿Qué pinta la religión como asignatura en los centros educativos públicos? Las creencias particulares de cada individuo corresponden al ámbito privado y su difusión y proselitismo compete a las asociaciones correspondientes, no al Estado que nos representa a todos, creyentes y no creyentes. Resulta infame que profesores que son contratados por el obispado, cuando son despedidos por falta de piedad en su vida privada, tengan que ser indemnizados por la administración, con fondos que, evidentemente, pagamos todos.